Reflexiones desde mi arresto domiciliario.

el centro carcel

Quiero manifestar mi situación personal, que no deja de ser la de millones de personas en España. Me encuentro en arresto domiciliario, o lo que es lo mismo prisión domiciliaria, mi arresto es una situación provisional que termina con el cumplimiento de la principal,  es decir de una cuarentena impuesta por los que la provocaron, y el arresto puede sustituirse por la prisión preventiva según la gravedad de los delitos que advierta el juez, en el caso de que yo incumpla dicho arresto domiciliario, aunque dicho arresto no afecte a los individuas que dictaron y provocaron la situación que motivo dicho confinamiento.

Los efectos de dicho arresto son la restricción de mis movimientos al interior de mi vivienda, sin que pueda salir de la misma salvo con autorización por causas concretas y limitadas, siempre sujeto a la discrecionalidad de las fuerzas y cuerpos de seguridad que las evalúen, pudiendo estar restringidas, o incluso prohibidas, las visitas del exterior y las comunicaciones, en este último caso pudiendo ser controlando mediante el localizador de mi móvil, a modo de pulsera electrónica GPS. Además puedo, y de hecho lo estoy, ser vigilado constantemente por personal policial, para que haga cumplir la condena emitida por el gobierno.

Pero mi pregunta es la siguiente, que pasa si mi reclusor es en la práctica el verdadero culpable de mi reclusión?, y me contesto yo mismo,  pues que según dicta la ley, cuando una persona es absuelta con todos los pronunciamientos favorables y la misma ha sufrido prisión preventiva, por dicho procedimiento, el Estado debe reparar el daño causado, que siempre existe pues se le mantuvo en prisión cuando no debió haber padecido la misma.

Y en este punto dejo la cuestión para que sirva de reflexión común, y que cada uno saque sus propias conclusiones, mientras yo sigo con mi arresto domiciliario.

José Luis López Alemany

Presidente Nacional de El Centro

www.el-centro.es

 

GENTE DE ESPAÑA

grupo-espanol

Médicos, enfermeras, personal sanitario…

Guardia Civil, Policía Nacional, Policías Municipales, Fuerzas Armadas…

Bomberos, servicios de emergencia, servicios de mantenimiento y limpieza…

Algunas ONG, las mejores, voluntarios, vecinos, gente de España.

El pueblo español, la buena gente de España, da respuesta con nobleza y gallardía a una situación de extrema gravedad. Una vez más, habiendo perdido la cuenta, se cumple el verso del Cantar del Mío Cid «¡Dios, qué buen vasallo sería si tuviera un buen señor!».

Una vez más el pueblo español ante la actitud de sus gobernantes, o más bien ante la falta de ella, saca pecho, demuestra su bonhomía y lucha. Lucha con todas sus fuerzas y sigue haciéndolo incluso cuando éstas comienzan a fallar.

Todos los días estos héroes anónimos lo dan todo… su trabajo, su experiencia, su dedicación absoluta. Y lo dan sin pedir nada a cambio, incluso cuando les niegan los elementos más básicos para su protección en el desempeño de sus labores diarias. Lo dan con abnegación, con sacrificio, con espíritu de total entrega. Y la mayoría de las veces con una sonrisa en los labios.

Lo dan todo… incluso su vida.

No es momento de buscar responsables, tiempo habrá con toda seguridad. Tampoco es momento de buscar el oportunismo político para acusar o buscar culpables en todas partes sin reconocer la responsabilidad de cada dirigente, Ministerio u organismo participante en la solución de la crisis.

No es momento de que los medios de información pierdan su imparcialidad, los que aún la mantengan, ni que dediquen sus espacios a atacar o defender una opción política, ni que algunos presentadores vayan de profetas o salvadores del mundo, buscando un protagonismo que en absoluto les corresponde.

Es el momento de la gente, no solo de los que están en primera línea de batalla, es el momento del agricultor, del ganadero, del transportista, del panadero, de la cajera del súper, del farmacéutico. En definitiva, de todos aquellos que con su trabajo hacen posible que podamos seguir luchando todos juntos con la certeza de que venceremos.

Quizá, solo quizá, nuestros políticos tomen ejemplo de lo que el noble pueblo español les pone delante de sus ojos.

Quizá, solo quizá, recuerden cuáles son sus obligaciones y su puesto en nuestra sociedad. Son servidores públicos al servicio del pueblo y no unos privilegiados que pueden hacer su voluntad sin tener que responder de sus actos.

Quizá, solo quizá, esta crisis… esta maldita crisis, sirva para que nuestros políticos aprendan la lección que les da la Gente de España.

Por José María Martín Guillén

TODO SALDRÁ BIEN, RESISTIREMOS, ÁNIMO!!!!

Madrid con la Constitución. El Centro con la Constitución. El Centro es Madrid.ESg2CvPXsAEARub

Militares obligados a retirarse con 45 años: «Te echan a un contenedor y te resignas, pero no soy un anciano»

Marco Antonio Campillos llevaba más de veinte años en el Ejército cuando, el pasado noviembre, se vio obligado a abandonarlo en contra de su voluntad. Cumplidos los 45 y tras una vida de servicio en las Fuerzas Armadas, se quedó en el paro. No importaron la «vocación» ni sus «ganas de trabajar».

La de Marco Antonio, cabo primero, es la situación de muchos militares que, cumplida esta edad, se ven forzados a pasar a la reserva y cobrar una asignación mensual de 645 euros que difícilmente permite salir adelante. Todo ello a causa de la Ley de Tropas y Marinería. «Yo con 45 años no soy un anciano, estoy mejor ahora que cuando tenía 30″,  explica a Marco Antonio a 20minutos, que recalca que subsisten gracias al sueldo de su mujer.

Aprobada en 2006 y en el punto de mira de las asociaciones militares, esta ley obliga a estos profesionales a dejar las Fuerzas Armadas alcanzada esa edad y les ofrece pocas alternativas: ascender a oficiales (con una edad límite para optar), conseguir la permanencia mediante un concurso o presentarse a los cupos reservados a militares en las oposiciones de policías, Guardia Civil y algunas administraciones.

Fuente 20minutos.es

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