Cuando dimitir es de mediocres y gobernar de soberbios.

El engranaje integrado en la maquinaria del equipo de Gobierno comienza a cubrirse de partículas venidas desde el enrarecido aire del malestar social. Los medios impuestos por el partido en el poder para lograr los objetivos perseguidos imposibilitan los derechos constitucionales y democráticos de esta sociedad, basados en las leyes reflejadas en la Constitución

Este es precisamente el tema que da origen al deterioro progresivo y la complicidad necesaria para el mantenimiento de las relaciones entre política y ciudadanía, esencial para el buen funcionamiento del país en cuestión.

El desproporcionado poder que otorgó la ciudadanía al partido en el Gobierno de la nación dotándole de una amplia mayoría con la que imponer sus normas, ha ido evolucionando hasta adquirir valores inaceptables en democracia y las críticas a teorías legislativas en sus propias filas.

Las muestras apreciables de clientelismo de la troika por un lado como patrono figurante y el Gobierno del Partido Popular como cliente afecto a sus directrices, en nada ayuda para superar con dignidad el momento. La conciencia social que se le presume a unos gobernantes en democracia es la base fundamental en la que asentar las bases de la igualdad, asignando recursos que resultan imprescindibles para el equilibrio de su sociedad, de manera equitativa y proporcional a sus necesidades.

Un país culto como el muestro no debe obviar que el valor de la cultura se mide a raíz de los conocimientos adquiridos por la ciudadanía de manera colectiva, común a todas las clases, no cabe de ninguna manera, caer en la dependencia de clases para acceder a la cultura es una de las obligaciones de un Estado democrático y de derecho y comprometido con la modernización de su sociedad.

La transgresiva violación de normas que vulneran las libertades forman parte ineludible del comportamiento de las clases dirigentes en un ambiente de conservadurismo hacia todo aquello que signifique progreso de la sociedad en su conjunto y ha sido objeto de involución del progreso evolutivo de los recursos básicos dignificados en un ambiente democrático satisfactorio. Está derivación del sistema es producto del temor de las élites capitalistas ante una ciudadanía cada vez más comprometida en el progreso y que superan las expectativas de gobiernos autoritarios ya definidos, ideologías que lideran la discriminación y buscan un sistema asimétrico y falto de equidad capaz de sostener la fortaleza de las clases más poderosas.

Inmersos en reflexiones que la actualidad nos demanda llegamos a conclusiones tan aceptables como lógicas sobre el audaz y tendencioso manejo de esos gobiernos que habiendo seres humanos que buscan ese espacio vital en el que sobrevivir que arriesgan lo único que poseen, la vida, para conseguirlo y encuentran la apatía severa y falta de solidaridad en su camino. Una ofensa a los derechos humanos primarios que definen las sociedades encaramadas a la abundancia del resto de individuos. De los pactos entre países o de la unión de estos en la lucha por el progreso no fuera suficiente, en esté Gobierno que nos representa por decisión democrática advertimos una clara y desigual manera de concebir un programa enfocado en la realidad que la sociedad demanda incusamente desde antes de su legislatura, por el contrario, nos encontramos con numerosos actos de jerarquía suficiente en nuestro sistema político a los que es difícil buscar la lógica si no es en el enrarecimiento de su postulado.

Desde diversos sectores del Gobierno se produce una concatenación de controversias que encubran el positivismo de diferentes colectivos del Partido Popular que comienzan a estar cansados de tanto desatino proveniente de sus representantes. Este hecho condiciona sobremanera la estimación ciudadana  en la clase política que les gobierna, un claro ejemplo de la mala dirección con conclusiones propias y que sacan a relucir la disconformidad de quien no cree en el sistema en la medida que les imponen.

La amalgama de estimación en los representantes políticos sean de la índole jurisdiccional que les toque liderar es lo suficientemente negativa que nadie confía en sus normal coordinadas para satisfacer su postura ideológica ante la desclasificación social de las masas.

Y es así. Si cuando la delegada del Gobierno en Madrid, Sra. Cifuentes se desmarca de la alcaldesa de la capital Ana Botella en lo relativo a las manifestaciones de carácter reivindicativo de la ciudadanía no fuera la gota que colma el vaso de la ineptitud tras el ridículo de los Juegos Olímpicos, el Ministro del Interior Sr. Fernández Díaz se mantiene al margen de la cuestión y nadie dimite. Ni los mandos policiales como malos coordinadores de la situación, ni el edil, ni la delegada del Gobierno y por supuesto, con total impunidad del ministro, es decir, dimensiones cero.

Si cuando el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo destaca el exceso de violencia fuera de nuestras fronteras y por el contrario, no pone sobre la mesa de la Unión Europea la fuerza  necesaria con la que buscar soluciones en el problema de Marruecos para hacer partícipes del mismo a los países del continente fuera o dentro de la eurozona pues sencillamente, no dimite aun viéndose incapacitado para ello.

Si cuando el ministro de Justicia, Sr. Gallardón, difiere a conciencia en la libertad legítima de la mujer, poniendo trabas a la ley del aborto por su afección católica. Si es capaz de derogar las leyes internacionales encargadas de culpar a quienes violen los derechos humanos por interés del partido. Si tras el asesinato en lo que va de 2014 en nuestro país de más de dos mujeres a la semana por violencia de género no reacciona en su defensa poniendo todos sus sentidos en acabar con dicha lacra; sin dejar de mostrar su simpatía para endurecer el derecho de manifestación legislado en la Constitución, callando en las declaraciones de su pupila en la alcaldía de Madrid pues no está en dicha conciencia dimitir.

Si cuando la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato, ha tardado demasiado en posicionarse frente a la violencia de género poniendo en manos de la justicia, de la policía, asociaciones e incluso en las bases sociales de la educación y la conciencia social con el problema, ha sido incapaz de proceder como debiera pues está claro que de la ley sobre el aborto mejor no hablar al considerarse derecho partidista y de dimisión nada.

Si cuando el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas Cristóbal Montoro, disiente de las estadísticas marcadas por Carotas sobre la pobreza extrema de los niños en nuestro país, hace declaraciones ofensivas sobre su desafección con el cine nacional y se jacta de llevar a España por el camino adecuado creando la incredulidad en la ciudadanía no dimite.

Si cuando la Ministra de Empleo y Seguridad Social se vanagloria de la aceptación por la Patronal de la Reforma Laboral, de los brotes verdes a los que su líder alude sin ver más allá de lo que le marcan desde el núcleo fuerte de su partido, sin mencionar la situación de precariedad de polígonos industriales con las naves vacías, cierres de locales y aumento de eres en el mercado laboral, se posiciona con firmeza y la dimisión no va con su irresponsabilidad.

Si cuando el ministro de Educación, Cultura y Deporte José Ignacio Wert basa su mandato en una ley que en nada mejora la educación, recortando becas, anulando ayudas a los estudiantes, apartando a un lado el beneficioso proyecto Erasmus y subiendo las tasas universitarias, creando un proyecto de futuro cultural asentado en las clases sociales con recursos pues, ya vendrá otros que procedan a demoler lo construido pero lo de dimitir no es procedente ni  educado.

Si los sindicatos, creados en conciencia para la lucha por los intereses de los trabajadores, son incapaces de llegar a acuerdos provechosos con las administraciones y siguen sin ser capaces de hacer disminuir la tasa de desempleo existente, son vigilados por presuntos delitos de malversación y sus máximos dirigentes mantienen su prestancia indecorosa en pactos sumergidos con el gobierno y los empresarios son mirados con desconfianza por aquellos que debían defender no dimiten.

Si cuando desde la Iglesia católica se pretende pasar a formar parte como un poder más del Estado, con signos de autoritarismo y decisión en asuntos que incumben a una sociedad democrática y laica, no a una manada acorralada esperando adoctrinar, ofendiendo a las mujeres, defendiendo intereses propios, nadie les calla y mucho menos, pedir la dimisión por sus actos.

Y es que, lo de dimitir parece ser un grave riesgo para las estructuras políticas que temen quedar debilitadas poniendo a cada cual en su sitio. Que decir de un Presidente que engaño a la ciudadanía con promesas en época de necesidad y que las ha convertido en precariedad social en poco tiempo, ese menos aún piensa en dimitir y si en defender la inmunidad de sus congéneres políticos.

Demasiadas peticiones para poco menos que devolver a España las libertades que le otorga la Constitución de 1978, demasiados sentimientos que persiguen devolver a la ciudadanía derechos hasta ahora impensables de ser anulados pero lo peor está por llegar si la oleada de clasismo político que gobierna nuestro país y que se extiende por toda el continente logra los fines perseguidos ante la impasibilidad de la ciudadanía.

Juan Antonio Sánchez Campos

Secretario General de El Centro

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