Un Gobierno entre andenes imaginarios

Estamos en una encrucijada a la que hemos llegado por iniciativas ajenas al interés de la sociedad, no sabemos bien si es el Gobierno el primer interesado en no decir la verdad a la ciudadanía o si por si lo contrario son nuestros socios de la UE los que realmente están en contra de sacar a relucir la realidad del problema que nos afecta.

Sea de una u otra forma, el panorama es de lo más caótico que nos podríamos imaginar en nuestros peores presagios. Se concibe la cruda situación de los hogares españoles por la desenfrenada destrucción del mercado laboral, lo que no es de recibo en cualquier caso es la precariedad en la que se está sumiendo una buena parte de la ciudadanía carente de recursos con los que sobrevivir de una manera digna en la hecatombe económica a la que ha llegado el país desde la entrada al poder del Partido Popular.

La situación sin lugar a dudas no era nada ventajosa para un Gobierno que recogió la inepta herencia del anterior gobierno socialista pero era ya sabido cuando aceptaron tomar el mando de la nación. Por tanto innecesario llevar en sus discursos hacer creer a los ciudadanos que las decisiones acometidas para solucionar la crisis mediante la máxima austeridad previsible, no son más que pura palabrería con la que ocultar su verdadero discurso. Los ajustes, recortes y reformas tantas veces nombrados han estado revestidos de una ideología preparada a conciencia para llevarlos a cabo con el pretexto de una crisis que, aun cierta, no es presumible de solucionar mediante está política extrema.

Si la prudencia es una de las primeras normas de un dirigente político razonable que quiere mostrar al pueblo una apariencia de honradez y legitimidad, está no es conocida por el Gobierno del PP, obsesionado en sus propias creencias y aferrado a los mandos de control de una sociedad que comienza a ser más pobre de lo que nunca se hubiese creído hace apenas dos años. La incoherencia se postula como un ordenamiento del Sr, Rajoy y sus huestes ministeriales, incapaces de hacer valer sus propias declaraciones por impedimento de la autoridad superior, la cual les marca de cerca para no sobrepasar los límites que tienen dispuestos en su mandato.

Y es tanto así que la ministra Fátima Báñez dispone sus palabras en línea recta aludiendo a una recuperación sobre unas ruedas a las que solo tienen acceso las clases adineradas. Una apertura de los mercados con beneficio a una macroeconomía a la que ningún ciudadano tiene acceso y de la cual se están beneficiando los verdaderos impulsores de la austeridad en España. Es incongruente definir con el sentido común que se precisa para ello, el discurso de la ministra sino fuera porque esté viene impuesto por el Gobierno con vistas a preparar el ambiente óptimo cara a las elecciones europeas.

La ofensa está hecha desde hace ya tiempo y  solo de vez en cuando, se molestan en regarla con apariciones susceptibles de enlazar una nueva estrategia a su favor, esas ruedas de las que habla la Sra. Báñez son las de la locomotora de primera en la que van cómodamente dispuestas las clases pudientes de la sociedad, en el resto del tren sin embargo, los vagones aparecen atestados de ciudadanos con la tarjeta del paro como único billete.

Ante tanta desfachatez es normal ver al ministro de Hacienda Sr. Montoro tildar informes de Cáritas como inauditos y lejos de la realidad o a la Sra. Báñez valorando unas conclusiones nada concebibles por la ciudadanía. Lo que ya pasa de lo normal es el paro extremo en algunas regiones de nuestro país superior al 30% de lo que nos informa la UE, y del desamparo social que corre uno de cada tres menores por dejadez de un Gobierno que evoluciona de lo irrazonable a lo más cruel en sus propuestas por mucho que quieran utilizar el escaparate de una imagen de recuperación al exterior, a sabiendas de que ya nos tienen demasiado vistas nuestras verdaderas debilidades.

Sea de una u otra forma, el panorama es de lo más caótico que nos podríamos imaginar en nuestros peores presagios. Se concibe la cruda situación de los hogares españoles por la desenfrenada destrucción del mercado laboral, lo que no es de recibo en cualquier caso es la precariedad en la que se está sumiendo una buena parte de la ciudadanía carente de recursos con los que sobrevivir de una manera digna en la hecatombe económica a la que ha llegado el país desde la entrada al poder del Partido Popular.

La situación sin lugar a dudas no era nada ventajosa para un Gobierno que recogió la inepta herencia del anterior gobierno socialista pero era ya sabido cuando aceptaron tomar el mando de la nación. Por tanto innecesario llevar en sus discursos hacer creer a los ciudadanos que las decisiones acometidas para solucionar la crisis mediante la máxima austeridad previsible, no son más que pura palabrería con la que ocultar su verdadero discurso. Los ajustes, recortes y reformas tantas veces nombrados han estado revestidos de una ideología preparada a conciencia para llevarlos a cabo con el pretexto de una crisis que, aun cierta, no es presumible de solucionar mediante está política extrema.

Si la prudencia es una de las primeras normas de un dirigente político razonable que quiere mostrar al pueblo una apariencia de honradez y legitimidad, está no es conocida por el Gobierno del PP, obsesionado en sus propias creencias y aferrado a los mandos de control de una sociedad que comienza a ser más pobre de lo que nunca se hubiese creído hace apenas dos años. La incoherencia se postula como un ordenamiento del Sr, Rajoy y sus huestes ministeriales, incapaces de hacer valer sus propias declaraciones por impedimento de la autoridad superior, la cual les marca de cerca para no sobrepasar los límites que tienen dispuestos en su mandato.

Y es tanto así que la ministra Fátima Báñez dispone sus palabras en línea recta aludiendo a una recuperación sobre unas ruedas a las que solo tienen acceso las clases adineradas. Una apertura de los mercados con beneficio a una macroeconomía a la que ningún ciudadano tiene acceso y de la cual se están beneficiando los verdaderos impulsores de la austeridad en España. Es incongruente definir con el sentido común que se precisa para ello, el discurso de la ministra sino fuera porque esté viene impuesto por el Gobierno con vistas a preparar el ambiente óptimo cara a las elecciones europeas.

La ofensa está hecha desde hace ya tiempo y  solo de vez en cuando, se molestan en regarla con apariciones susceptibles de enlazar una nueva estrategia a su favor, esas ruedas de las que habla la Sra. Báñez son las de la locomotora de primera en la que van cómodamente dispuestas las clases pudientes de la sociedad, en el resto del tren sin embargo, los vagones aparecen atestados de ciudadanos con la tarjeta del paro como único billete.

Ante tanta desfachatez es normal ver al ministro de Hacienda Sr. Montoro tildar informes de Cáritas como inauditos y lejos de la realidad o a la Sra. Báñez valorando unas conclusiones nada concebibles por la ciudadanía. Lo que ya pasa de lo normal es el paro extremo en algunas regiones de nuestro país superior al 30% de lo que nos informa la UE, y del desamparo social que corre uno de cada tres menores por dejadez de un Gobierno que evoluciona de

lo irrazonable a lo más cruel en sus propuestas por mucho que quieran utilizar el escaparate de una imagen de recuperación al exterior, a sabiendas de que ya nos tienen demasiado vistas nuestras verdaderas debilidades.

La cuestión es que al final de su mandato serán capaces de volver a enviar un nuevo mensaje a la sociedad comunicándoles que ellos son los que tienen las soluciones a unos problemas que ya había comenzado a hacer herida en la sociedad y que termino por infectarse cuando llegaron en mayoría. Sera cierto que los valores no dejan de ser ideas abstractas acerca de cómo deben ser las cosas en cuestión.

Juan Antonio Sánchez Campos

Secretario General de El Centro

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