Hacia Europa por la puerta equivocada

La campaña electoral comienza a dar muestras de evidente dispersión en el mandato que algunos dirigentes de la élite política de nuestro país parecen diferir en la actuación de compañeros de partido con cargo público. Está apreciación viene ratificada por la actuación de miembros en las diferentes administraciones regidas por el Gobierno del Sr, Rajoy que marcan el camino hacía un deterioro del primer artículo ético de cualquier político que se precie y que no es otro que el de representar a los ciudadanos y ser garantes de sus derechos.

Esté simple proceder que se le pide a nuestra casta política se aleja de tal presunción para acercarse cada vez más a una lucha sin cuartel por atacar al contrario en cualquier desliz que se les presente. Una cuestión de supervivencia de las dos principales formaciones con vistas a Europa se ha convertido en una feroz batalla por dajar en evidencia al contrario y con ello asestarle una pequeña herida para derivar el voto de uno a otro lado.

Lo que no han tenido en cuenta es la imagen que con estas reprobaciones estamos dando en Europa: esos principios de llevar las propuestas de los ciudadanos al Parlamento Europeo parecen ser solo palabrerías baratas con las que llegar a ubicarse en un despacho alejado de la multitud que les demanda hacer bien su trabajo. Es ese maltrato a la ciudadanía el que reporta malestar a nuestra sociedad, harta de reproches asépticos cara a la galería que se vuelven hastío en la realidad; sin ir más lejos, el desplante que concejales del partido en el Gobierno realizaron en Toledo para no atender las súplicas de padres con hijos enfermos de cáncer dan muestras del descontrol de los máximos dirigentes hacia sus líneas menores.

Nada parece ser coherente, ni nadie es capaz de decir algo consecuente en esta maraña de líderes abocados a la lealtad de su máximo dirigente. El Sr. Cañete se ha olvidado de las palabras tras el debate televisado y piropea a las mujeres después de su locuacidad insultante con la suficiencia de su ideología machista e incluso bromea con la posibilidad de poner en la puerta de la sede del PP el cartel de que se arreglan países en quiebra cuando son ellos los que con esas reformas han tirado por la alcantarilla el bienestar social que habíamos logrado después de una amplia lucha para conseguir los servicios públicos que la sociedad demandaba con urgencia.

No es concebible que un candidato como esté salga elegido, ni que por parte socialista la degradación de su estructura no haya quien la arregle y así nos presentamos a unas Elecciones Europeas a las que debemos de asistir para mostrar nuestro malestar con el voto, sin dar motivos de regocijo que esperan con sus análisis de abstención a las urnas.

Dejémonos de conformismos y seamos lo suficientemente demócratas como para infundir una nueva imagen social y terminar con la desfachatez de los que ya se han acostumbrado al sillón del poder. Los mismos que se marcharán a Bruselas para servir cortésmente a los intereses que se les ordene, aguantando el tirón en ese cementerio de elefantes en lo que se está convirtiendo ser candidato en Europa: después vendrá la jubilación y dependiendo de las necesidades futuras, el asesoramiento a la empresa privada o la pertenencia a alguna Fundación creada para apoyar su longevidad política.

Juan Antonio Sánchez Campos

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