Lo que la calle observa

Desde un enfoque que dista mucho de pasar por ser profesional, se suceden momentos dispares, algunos de ellos históricos y otros por el contrario que tienden a manifestar una presunta volatilidad por su carácter de prestarse al descarte presumible en una mayoría parlamentaria. Detrás de los diferentes puntos de vista de la prensa se encuentra el ciudadano común; ese que no entiende lo de tener que fabricar una ley cuando un monarca se quiere marchar cogiendo a la judicatura constitucional descolocada y a los parlamentarios hundidos en su conciencia por votarla a tiempo.

Pues realmente eso es lo que la sociedad observa, oye y analiza en corrillos de normalidad aparente en los que se expresan la falta de sintonía de las jerarquías políticas con sus propios afiliados, incluso si estos observan una posición relativamente importante dentro de sus filas. Claro que una ley se puede aprobar por mayoría de un mismo partido en el Gobierno, eso se presupone por descontado aunque, de ser sinceros, muchos de los que quisieron abstenerse en la ley de abdicación propuesta, se quedaron con las ganas de hacerlo para no verse inmiscuidos en las represalias de su partido.

Aquí nos hablan de Monarquía Parlamentaria o República sin precisar en ninguno de los casos lo mejor para la ciudadanía; unos por intentar convencer a la sociedad de que el Rey es el mejor modelo para seguir adelante en democracia por su labor de imagen de España, como si de una campaña publicitaria para vender productos de la tierra se tratase; los hay que manifiestan su deseo de crear un nuevo modelo social basado en un Jefe de Estado competente, votado por la ciudadanía y con un calado democrático evidente al mantener vivos los derechos de la ciudadanía a participar en las decisiones de sus órganos representativos. Pero existen también esos que cometen el error de cohesionar la imagen republicana con una revolución social demostrando con ello una más mque presumible falta de identidad política y sentido común. Es cierto que todas las posturas deben ser respetadas, debatidas y votadas en libertad aunque si es cierto que algunas carecen de valor para ser tomadas en consideración por su calado violento y sus ansias de destruir todo lo que hasta ahora tenemos para construir una sociedad incierta.

Manejando todas las interpretaciones habidas y por haber, podemos llegar a la conclusión de que por ahora, tenemos lo que merecemos por haberlo votado en su día y ante esto, solo podemos esperar a unas nuevas elecciones generales para empezar a demostar una cierta intención de cambio en las leyes y normas constitucionales que la sociedad después de treinta y cinco años va necesitando. Ahora tenemos un Rey que abdica como tal cediendo el bastón a su sucesor por una decisión que aunque parezca propia ha sido estudiada, aconsejada, medida e incluso impuesta por necesidades de mantener la representación política intacta, sin dobleces o pliegues que se pudieran presentar nocivos a la salud de la mayoría en el Parlamento. Una nueva imagen con el mismo sentido parece cuando menos irrisoria a la opinión pública pero, tendremos que aguantarlo por el momento; es penoso decir que tenemos un Rey que reina pero no gobierna, aunque cobra una millonada aunque buena muestra la tenemos en los principales representantes políticos que nos mienten pero mandan y cobran otra buena cantidad de millones; es decir, que pagamos por todos lados y sin embargo a nosotros, nos dan con la austeridad en las narices y el desempleo en las filas del INEM cada vez más pronunciadas.

Para que luego venga la Patronal a pedir un despido mas barato, unos contratos denigrantes y una supremacía empresarial rayana en lo dictatorial. Eso es lo que al fin y al cabo demandan los ciudadanos, no quien va a vivir en la Zarzuela cosa que en la mayoría de las ocasiones de nada vale pero si cuesta; como también nos importa donde van a trabajar nuestros hijos o a que hospital derivar a quien precise de ello si las camas están en los pasillos y los colegios comienzan a prepararse para un futuro lleno de privilegiados esperando el acceso a una Universidad clasista.

Ahora lo que realmente precisa la ciudadanía es que los comedores escolares en muchas comunidades tengan sus despensas llenas para poder alimentar a los niños que asi lo necesiten, que los políticos de todas las partes tengan la vergüenza y honestidad suficiente para ponerse de acuerdo en luchar por una deuda que los acreedores de la UE quieren cobrar a costa de la calidad de vida de los españoles. De lo que tenemos ciertas dudas es de la postura tomada por la justicia suiza tratando de impedir investigaciones de presuntos delincuentes a los cuales no les costó ni reparo, ni ningún remordimiento ver el país en crisis y sus cuentas en el extranjero repletas; puede que tan sólo haya sido algo puntual coincidente con el trasfondo de la corrupción pero oler no huele nada bien.

Que se vayan personajes públicos de las formaciones a nadie inquieta, lo que realmente preocupa es que aquel destinado a suplirle sepa hacerlo como mandan los canones, defendiendo por encima de todo el Estado de Bienestar, la igualdad de derechos, acabar con la brecha social y recuperar un estado social, cultural y educativo perdido por negligencia de quienes ahora siguen inquiriéndonos pagar más por menos, vivir en la indecencia por una austeridad incoherente.

Qué duda cabe, vendrán nuevos tiempos y el socialismos deberá confirmar sus posiciones ideológicas. Derivar hacia una socialdemocracia o su vertiente republicana pero deben darse prisa pues sin una oposición competente y dinámica perderán su puesto; el ciudadano comienza a estar demasiado cansado de unos partidos que al igual que la Constitución se han vuelto añejos por demasiado uso de su alternancia y viejos por la visión arcaica de sus mandatarios; la experiencia es un grado e incluso un privilegio al que todos tenemos derecho de poder consultar siempre que sea necesario; lo indecente es querer mantenerse en el puesto sin dar oportunidad a los más jóvenes porque eso les convertiría en oráculos y de eso está el mundo lleno.

Juan Antonio Sánchez Campos

Secretario General de El Centro

 

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